jueves, 18 de febrero de 2016

Página Nueva.

Llevo dos semanas viviendo en otra ciudad, no me cambié de País, pero para mi es un gran cambio, un gran paso, una nueva experiencia, siento que llevo meses en la nueva ciudad y que ya me gasté todo el dinero y no tengo nada... 

Estas dos semanas me han hecho pensar en la famosa frase "uno no sabe lo que tiene, hasta que lo pierde". Odiaba mi antiguo trabajo y ahora me encuentro desempleado, odiaba lo cerca que quedaba el Banco y que todo el mundo me conociera, ahora tengo que caminar muchos metros para llegar a uno y no tengo a ningún amigo que me facilite la transacción. No tengo ningún amigo para quejarme.

Al analizar las cosas casi todo es igual, solo que me quejo demasiado, la misma gata pero revolcada, muy revolcada, toda esta gran ciudad está llena de obstáculos que hacen tus días difíciles, como buscar un laboratorio y que el taxista no sepa la dirección y te deje a kilómetros del sitio al que ibas y quedar en un lugar recóndito donde no sabes que onda, tratar de tomar el transporte público y no andar tarjeta para ello. Querer sacar dinero del banco para pagar una factura pero que no se puede porque tu tarjeta es de otro banco, ir al otro banco y que no tenga una maldita fotocopiadora y así tener que ir a cuatro bancos distintos para al final llegar al último donde no te piden ningún requisito.

Subir el puente peatonal o cruzar la avenida, les juró que vi a un perro hacerlo con más habilidad que yo, que envidia.

Hacer cita para un corte de cabello, querer comprar un batido y que se descomponga la licuadora, o sea, ¿QUÉ?!! a caso están conspirando contra mi. 

Mis amigas me escriben y les digo que estoy bien, en realidad estoy bien, tengo un novio que me quiere, un departamento bonito, y mis pinturas que me hacen escapar de la realidad, pero siento algo de melancolía al recordar mis días de andar en bicicleta bajo la lluvia, de enfermarme y que mi abuelita me hiciera una comida rica para mejorar mi estado de ánimo. 

Supongo que de eso se trata de la vida, de adaptarse, de buscar tu camino, de dejar a los que quieres por un tiempo pero llevarlos en tus corazones, de luchar hasta el último momento, de renacer de las cenizas y esas cosas...

martes, 28 de abril de 2015

Ese si es un hombre de verdad.

Estamos sentados mi amiga y yo en un bar, es un día cualquiera. La misma comida de siempre, las mismas cervezas de siempre, la misma mesa de siempre (es curioso que las veces que venimos a este bar nos sentémos en el mismo lugar, pienso), conversamos tranquilamente, de temas comunes, de repente escucho a una chavala decir la frase "Ese si es un hombre de verdad"...

Cada vez que escucho a alguien decir esa frase es como si un martillo golpeara mi cabeza y me induciera a un trance que me lleva a hacerme miles de preguntas, entre ellas...

¿Qué es un hombre de verdad?

¿Entonces soy menos hombre por ser gay?

¿Por qué estereotipamos todo?

Y comienza mi debate por tratar de defender al hombre que según esas etiquetas no es tan hombre.

El hombre de verdad tiene barba, es musculoso, puedes oler su testosterona a kilómetros de distancia, se hace cargo de los trabajos pesados de la casa, es rudo, con mucho vello en el cuerpo, independiente y las mujeres caen rendidas a sus pies... Y recuerdo el comercial de la Old Spice que tanto desprecio con su propaganda del "Hombre, Hombre".

No me tomo ni un minuto para llegar a la conclusión de que estoy lejos de ser el "Hombre de verdad" según las etiquetas y me entristece, y no el hecho de no encajar en un grupo; sino el hecho de que aún se tenga esa mentalidad. Retrocedo a la era de las cavernas y de pronto estoy quitándole la piel a un mamut y comiendo carne cruda. Me doy cuenta de lo atrasado que estamos y que la vida es una constante lucha por encajar en algo. 


miércoles, 11 de febrero de 2015

Tradiciones

Un día cualquiera de febrero, un día especial para algunos, y para mi creo...

Tenes que ir vestido formal (okaaay) pienso (odio mucho eso), es a las 3:30. Pasan las horas y se me hace tarde!

Anda dejáme a la iglesia que voy tarde le digo a mi papá, y así comienza el tradicional ritual de ser padrino. El sacerdote no está, los padres y El Niño no están y yo siento que la corbata me está ahorcando y que pronto caeré desmayado de tanto calor. Pasan los minutos y pooor fin llegan todos, el sacerdote nos pide que renunciemos a miles de cosas y en mi mente digo (no, a eso no), y me siento inmaduro y fuera de lugar. 

Cae un chorrito de agua en la cabeza de mi nuevo ahijado, así como cayó en la mía y en la de mis padres... Hay un nuevo hijo de dios.

No sé ni cómo, ni por qué estoy hablando de Life of Pi con mi papá en la pequeña reunión familiar y me empieza a cuestionar sobre dios, sobre si creo, qué cual es la verdadera iglesia y me siento acosado, incómodo y aburrido. 

"Creo que existe un dios y a veces le hablo, no creo en la Biblia ni en la iglesia." Le digo. 

Me mira como la vez que le dije que era gay, una mezcla de sorpresa y de valeverguismo. 

La reunión continua y al final todo el existencialismo se reduce a una simple Tradición que teníamos que seguir.